miércoles, 16 de octubre de 2013

TP 09 Libro Objeto


OBJETIVOS

Desarrollo del concepto de sistema-lenguaje en relación con las categorías de estructura, tiempo, relato y juego.
Despliegue de diversos elementos que conforman un lenguaje gráfico en función de ideas
morfológicas unificadoras en torno a la relación entre texto e imagen.
Exploración de las posibilidades de libro como tipología.
Investigación de las múltiples variantes de papel, en tanto materialidad específica que puede ser explorada en sus múltiples dimensiones: textura, peso, color, técnicas de impresión, calados, cortes, encuadernación, etc.

PRODUCCIÓN

Un libro experimental. Mínimo de 12 dobles ( 24 páginas ) + Tapas.

DESARROLLO

Día 1 | 22/10: Esquicio #1.
Día 2 | 29/10: Entrega de propuesta de desarrollo libro mínimo 12 páginas. 
Esquicio #2 Cortes/ Calados. Corrección.
Día 3 | 5/11: Pre- Entrega. Esquicio#3 Tapa/ Contratapa/ Inserts.
Día 4 | 12/11: Entrega Libro y Revisión de trabajos anteriores.
Día 5 | 19/11: ENTREGA FINAL

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nella notte buia
by Bruno Munari




PARTES DEL LIBRO
Divisiones y Elementos





Para tener en cuenta en nuestro libro objeto

Tapa
Contratapa
Retiración de Tapa y Contratapa
Cubierta o Sobrecubierta- Una cubierta que puede proteger las tapas-
Solapas
Guardas- Hojas de papel en blanco que unen el libro y la tapa, sirven para la protección de las páginas interiores-
Colofón- Se imprime el lugar de impresión, fecha y el nombre de la imprenta-
Contenedor- De un material más rígido que lo proteja-
Lomo- Une tapa y contratapa -
Portada- Contiene Título y nombre del Autor, Portadas para capítulos-
Foliado
Insert- Sección especial dentro del libro, puede cambiar con respecto al formato del libro.-


LECTURA OBLIGATORIA

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LOS PRELIBROS

Un li­bro ile­gi­ble
Es­te es un pro­ble­ma de ex­pe­ri­men­ta­ción de las po­si­bi­li­da­des de co­mu­ni­ca­ción vi­sual del ma­te­rial edi­to­rial y de sus téc­ni­cas. Por lo ge­ne­ral cuan­do se ha­bla de li­bros se pien­sa en tex­tos de di­fe­ren­tes ti­pos: li­te­ra­rio, fi­lo­só­fi­co, histórico, en­sa­yís­ti­co, etc., im­pre­sos so­bre las pá­gi­nas. Es­ca­so in­te­rés sue­le me­re­cer el pa­pel y la en­cua­der­na­ción del li­bro, el co­lor de la tin­ta y to­dos aque­llos ele­men­tos con los que se rea­li­za el li­bro como ob­je­to. Es­ca­so in­te­rés se les de­di­ca a los ca­rac­te­res ti­po­grá­fi­cos y me­nos aún al es­pa­cio en blan­co, a los márgenes, a la nu­me­ra­ción de las pá­gi­nas y a to­do el res­to.
El ob­je­ti­vo de es­ta ex­pe­ri­men­ta­ción ha si­do el de com­pro­bar si se pue­de uti­li­zar el ma­te­rial con el que se ha­ce un li­bro (ex­clui­do el tex­to) co­mo len­gua­je vi­sual. El pro­ble­ma, por con­si­guien­te, es: ¿se pue­de co­mu­ni­car vi­sual y tác­til­men­te só­lo con los me­dios edi­to­ria­les de pro­duc­ción de un li­bro? O bien: el li­bro co­mo ob­je­to con in­de­pen­den­cia de la le­tra im­pre­sa, ¿pue­de co­mu­ni­car al­go? Y de ser así, ¿qué?
Una vez cen­tra­do y de­fi­ni­do el pro­ble­ma se des­com­po­ne en sus ele­men­tos. Nor­mal­men­te los li­bros se ha­cen con po­cos ti­pos de pa­pel y se en­cua­der­nan só­lo de dos o tres for­mas dis­tin­tas. El pa­pel es uti­li­za­do co­mo so­por­te del tex­to y de las ilus­tra­cio­nes, y no co­mo su­je­to “co­mu­ni­can­te” de al­go. Si se quie­ren ex­pe­ri­men­tar las po­si­bi­li­da­des de co­mu­ni­ca­ción vi­sual de los ma­te­ria­les con los que se ha­ce un li­bro, en­ton­ces ten­dre­mos que ha­cer prue­bas con to­dos los ti­pos de pa­pel, con to­dos los ti­pos de for­ma­tos; con dis­tin­tas en­cua­der­na­cio­nes, tro­que­la­dos, se­cuen­cias de for­mas (de ho­jas), con pa­pe­les de di­fe­ren­tes ma­te­ria­s, con sus co­lo­res na­tu­ra­les y sus tex­tu­ras.
Re­co­pi­la­ción de da­tos: sa­be­mos que en el te­rre­no edi­to­rial es­te pro­ble­ma no ha­bía si­do afron­ta­do nun­ca. Só­lo en el ca­so de edi­cio­nes es­pe­cia­les se ele­gía el pa­pel pa­ra dar­le más im­por­tan­cia al tex­to, pe­ro siem­pre era el tex­to el te­ma del li­bro, nun­ca el pro­pio li­bro co­mo ob­je­to co­mu­ni­can­te (ex­clui­do el tex­to). Por lo ge­ne­ral los li­bros son con­fec­cio­na­dos con pa­pe­les ele­gi­dos úni­ca­men­te en fun­ción de su cos­te y ca­si siem­pre blan­cos o de co­lo­res muy cla­ros. La im­pre­sión se ha­ce ca­si siem­pre en ne­gro.
A con­ti­nua­ción, co­mo el aná­li­sis de los da­tos re­co­gi­dos no pre­sen­ta ma­yo­res pro­ble­mas, se pa­sa al es­tu­dio de los po­si­bles ma­te­ria­les a uti­li­zar en una ex­pe­ri­men­ta­ción crea­ti­va. La crea­ti­vi­dad que ya se anun­cia­ba en el plan­tea­mien­to del pro­ble­ma va uni­da en es­te ca­so a la ex­pe­ri­men­ta­ción y a la crea­ción de mo­de­los.
Se bus­can, pues, to­da cla­se de pa­pe­les po­si­bles, des­de pa­pe­les de im­pren­ta a pa­pe­les de em­ba­la­je, des­de pa­pe­les se­mi­trans­pa­ren­tes a los de su­per­fi­cies ás­pe­ras, li­sas; pa­pe­les re­ci­cla­dos; pa­pe­les de se­da; pa­pe­les pa­ra­fi­na­dos, al­qui­tra­na­dos, plas­ti­fi­ca­dos; pa­pe­les de pu­ra ce­lu­lo­sa; pa­pe­les de es­tra­za, de pa­ja; pa­pe­les ve­ge­ta­les; pa­pe­les sin­té­ti­cos; pa­pe­les blan­dos, rí­gi­dos, fle­xi­bles, etc.
Ya con es­to se ha­cen des­cu­bri­mien­tos porque si un pa­pel es trans­pa­ren­te, co­mu­ni­ca trans­pa­ren­cia; si es ás­pe­ro, co­mu­ni­ca la as­pe­re­za. Un “ca­pí­tu­lo” de pa­pel ve­ge­tal (el uti­li­za­do por ar­qui­tec­tos e in­ge­nie­ros en sus pro­yec­tos) da un sen­ti­do de nie­bla. Es­te efec­to se­rá pos­te­rior­men­te uti­li­za­do por mi li­bro Ne­lla neb­bia di Mi­la­no, pu­bli­ca­do por Em­me Edi­zio­ni de Mi­lá­n en 1968.
En fin, ca­da pa­pel co­mu­ni­ca su cua­li­dad. Y es­to es al­go que pue­de ser uti­li­za­do co­mo ele­men­to co­mu­ni­can­te: lue­go se tra­ta­rá de re­la­cio­nar es­te co­no­ci­mien­to con to­dos los de­más que pue­dan des­pren­der­se de la ex­pe­ri­men­ta­ción.
Una se­gun­da ex­pe­ri­men­ta­ción es la rea­li­za­da so­bre los for­ma­tos de las pá­gi­nas. Una se­rie de pá­gi­nas to­das igua­les co­mu­ni­ca un efec­to de mo­no­to­nía, pá­gi­nas de di­fe­ren­tes for­ma­tos son más co­mu­ni­ca­ti­vas. Si los for­ma­tos es­tán or­ga­ni­za­dos de for­ma cre­cien­te o de­cre­cien­te o al­ter­na­da­men­te o en cual­quier ca­so con un cier­to rit­mo, pue­de ob­te­ner­se una in­for­ma­ción vi­sual rít­mi­ca, da­do que el pa­sar una pá­gi­na es una ac­ción que se de­sa­rro­lla en el tiem­po y, por lo tan­to, par­ti­ci­pa del rit­mo vi­sual-tem­po­ral.
Si ade­más uti­li­za­mos pa­pe­les de dos co­lo­res: al­ter­nan­do una ho­ja de pa­pel blan­co y una ho­ja de pa­pel ne­gro (o ro­jo), el efec­to rít­mi­co se ve­rá acen­tua­do. Se rea­li­za un mo­de­lo de es­te ti­po, con pá­gi­nas blan­cas y ne­gras, cor­tan­do las ho­jas con cor­tes ho­ri­zon­ta­les, ver­ti­ca­les, dia­go­na­les, de for­ma que al ir pa­san­do pá­gi­nas se mo­di­fi­ca la com­po­si­ción de las su­per­fi­cies blan­cas y ne­gras, cam­bian­do la can­ti­dad del blan­co y del ne­gro y la po­si­ción y la for­ma de esas can­ti­da­des. Se de­ci­de ini­ciar el pro­ce­so de estas mu­ta­cio­nes, pri­me­ro con al­gu­nos cor­tes ho­ri­zon­ta­les que per­mi­tan pa­sar la mis­ma pá­gi­na en dos tiem­pos: el pri­mer cor­te se ha­ce arri­ba en la pri­me­ra pá­gi­na, el se­gun­do aba­jo en la pá­gi­na ne­gra, el ter­ce­ro (tam­bién ho­ri­zon­tal) más ha­cia el cen­tro de la pá­gi­na. Al abrir me­dia pá­gi­na ya se ve un cor­te ver­ti­cal de la pá­gi­na ne­gra que va a con­ti­nua­ción. La pá­gi­na ne­gra, de he­cho, es só­lo me­dia pá­gi­na cor­ta­da ver­ti­cal­men­te. La pá­gi­na si­guien­te, blan­ca, es­tá cor­ta­da exac­ta­men­te por el me­dio tam­bién ho­ri­zon­tal­men­te. En­tran la dia­go­na­les, que se al­ter­nan con los cor­tes ver­ti­ca­les, has­ta que en una pá­gi­na blan­ca se ve só­lo un pe­que­ño cor­te en el án­gu­lo su­pe­rior de­re­cho. La pá­gi­na si­guien­te ten­drá un cor­te más gran­de en el án­gu­lo in­fe­rior iz­quier­do y de nue­vo un cor­te ho­ri­zon­tal arri­ba co­mo en la pri­me­ra pá­gi­na.
La pá­gi­na blan­ca si­guien­te tie­ne un cor­te de­ci­di­da­men­te en dia­go­nal se­gui­do de otro cor­te en dia­go­nal en la pá­gi­na ne­gra. Es­tos dos cor­te su­per­pues­tos dan una fran­ja blan­ca que atra­vie­sa dia­go­nal­men­te to­da la pá­gi­na de la iz­quier­da. La pá­gi­na blan­ca de la de­re­cha ten­drá un pe­que­ño cor­te en la es­qui­na, y así ter­mi­na la com­po­si­ción rít­mi­ca es­pa­cio-tem­po­ral de es­tas su­per­fi­cies blan­cas y ne­gras.
Es­te mo­de­lo de li­bro ile­gi­ble per­mi­te abrir las pá­gi­nas al azar em­pe­zan­do por don­de se quie­ra, pro­se­guir y vol­ver atrás, pa­ra com­po­ner y des­com­po­ner cual­quier po­si­ble com­bi­na­ción de blan­co y ne­gro. En las imá­ge­nes fo­to­grá­fi­cas del li­bro aquí re­pro­du­ci­das se ven al­gu­nas se­cuen­cias, pe­ro pue­den ha­cer­se tan­tas com­bi­na­cio­nes co­mo se quie­ran.
Es­te li­bro fue pu­bli­ca­do más tar­de por un edi­tor ho­lan­dés que me es­cri­bió: “No­so­tros no te­ne­mos pro­ble­mas de can­ti­dad en nues­tros li­bros, si­no de ca­li­dad. De­sea­ría­mos pu­bli­car su li­bro”. La edi­ción se rea­li­zó en 1955, con un for­ma­to de 23.5 por 23.5 cm. El co­lor de las pá­gi­nas fue blan­co y ro­jo, y una ta­pa de car­tón gris ce­rra­ba el li­bro, del que se ti­ra­ron 2.000 ejem­pla­res. El edi­tor es Steen­druk­ke­rij de Jong & Co, de Ams­ter­dam.
Los pri­me­ros li­bro ile­gi­bles, rea­li­za­dos con dis­tin­tos ma­te­ria­les, fue­ron ex­pues­tos por pri­me­ra vez en Mi­lán, en la li­bre­ría Sal­to en 1950, a tra­vés de unos po­cos ejem­pla­res he­chos a ma­no. Uno de es­tos li­bros fue edi­ta­do por el Mu­seum of Mo­dern Art de Nue­va York en 1967. De esta ex­pe­ri­men­ta­ción so­bre las po­si­bi­li­da­des vi­sua­les y tác­ti­les del li­bro co­mo ob­je­to sur­gen tam­bién los Pre­li­bros pu­bli­ca­dos por Da­ne­se en Mi­lán, en 1980, de los que ha­bla­mos en otra par­te de es­te li­bro.
Otro li­bro pa­ra ni­ños sur­gi­do de es­ta ex­pe­ri­men­ta­ción es Ne­lla Not­te Buia, edi­ta­do en Ita­lia en 1952 por el im­pre­sor-edi­tor Mug­gia­ni. Es­te li­bro es­taba cons­trui­do con un die­ci­sei­sa­vo de pa­pel ne­gro con ilus­tra­cio­nes en azul (que era la no­che), un ca­pí­tu­lo de pa­pel se­mi­trans­pa­ren­te con ma­to­rra­les de hier­ba, im­pre­sos en ver­de y di­fe­ren­tes in­sec­tos que, ocul­tos en­tre la hier­ba apa­re­cían al pa­sar la pá­gi­na, y al fi­nal, un ca­pí­tu­lo (tam­bién de die­ci­séis pá­gi­nas) de pa­pel re­ci­cla­do, gris-bei­ge, lle­no de im­pu­re­zas (que era la tie­rra), con una gru­ta re­cor­ta­da e imá­ge­nes im­pre­sas en ne­gro.
Es­te li­bro, re­cha­za­do por nu­me­ro­sos edi­to­res por­que “no te­nía tex­to”, ha si­do ob­je­to pos­te­rior­men­te, de la ma­no del edi­tor-im­pre­sor Mug­gia­ni, de va­rias edi­cio­nes.

Los Pre­li­bros
Hay mu­cha más gen­te de la que cree que ja­más ha leí­do un li­bro. Al­gu­nas per­so­nas han si­do obli­ga­das a com­prar y a leer li­bros es­co­la­res, des­pués de lo cual han di­cho “se aca­ba­ron los li­bros”. Hay mu­cha más gen­te de la que se cree, y sin em­bar­go a me­nu­do es gen­te de buen ca­rác­ter, per­so­nas ama­bles y cor­dia­les, per­so­nas que in­clu­so pue­den te­ner éxi­to eco­nó­mi­co en la vi­da, per­so­nas a las que les bas­tan las re­vis­tas de cha­far­de­rías pa­ra te­ner no­ti­cias del mun­do.
Gen­te que no sa­be que en los li­bros es­tá el sa­ber, que gra­cias a los li­bros el in­di­vi­duo pue­de au­men­tar sus co­no­ci­mien­tos so­bre los he­chos y com­pren­der mu­chos as­pec­tos de lo que es­tá su­ce­dien­do, que los li­bros pue­den des­per­tar otros in­te­re­ses, que los li­bros ayu­dan a vi­vir me­jor.
¿Có­mo se le pue­de ha­cer en­ten­der es­to a la gen­te que ha de­ci­di­do no in­te­re­sar­se nun­ca más por esos ob­je­tos lla­ma­do li­bros, só­lo por­que en la es­cue­la la han obli­ga­do a leer los más abu­rri­dos y di­fí­ci­les?
Las per­so­nas an­cia­nas, co­mo es sa­bi­do, tie­nen enor­mes di­fi­cul­ta­des pa­ra mo­di­fi­car su pen­sa­mien­to, pre­ci­sa­men­te por­que lo que se apren­de du­ran­te los pri­me­ros años de la vi­da per­ma­ne­ce co­mo re­gla es­ta­ble­ci­da pa­ra siem­pre y te­ner que cam­biar­la, pa­ra mu­chos, su­po­ne per­der la se­gu­ri­dad pa­ra aven­tu­rar­se en una si­tua­ción des­co­no­ci­da. La so­lu­ción a es­te pro­ble­ma de au­men­tar el co­no­ci­mien­to y de for­mar per­so­nas con una men­ta­li­dad más elás­ti­ca y me­nos re­pe­ti­ti­va con­sis­te en ocu­par­se de los in­di­vi­duos mien­tras se for­man. Du­ran­te los pri­me­ros años de vi­da, co­mo en­se­ña Pia­get, se for­ma la in­te­li­gen­cia. Tam­bién sa­be­mos que en los pri­me­ros años de vi­da los ni­ños co­no­cen el am­bien­te que los ro­dea a tra­vés de to­dos los re­cep­to­res sen­so­ria­les y no só­lo a tra­vés de la vis­ta y el oí­do, si­no tam­bién per­ci­bien­do sen­sa­cio­nes tác­ti­les, tér­mi­cas, ma­teriales, so­no­ras, ol­fa­ti­vas… Se po­dría pro­yec­tar un con­jun­to de ob­je­tos que pa­re­cie­sen li­bros pe­ro que fue­ses to­dos dis­tin­tos, pa­ra la in­for­ma­ción vi­sual, tác­til, ma­terial, so­no­ra, tér­mi­ca, pe­ro to­dos del mis­mo for­ma­to co­mo los vo­lú­me­nes de una en­ci­clo­pe­dia, que a la vez con­tie­ne to­do el sa­ber o, por lo me­nos, mu­chas in­for­ma­cio­nes dis­tin­tas.
Es­tos li­bri­tos, pe­que­ños por­que pue­den ser fá­cil­men­te ma­ni­pu­la­dos por un ni­ño de tres años, se­rán con­fec­cio­na­dos con ma­te­ria­les dis­tin­tos, con dis­tin­tas en­cua­der­na­cio­nes y, na­tu­ral­men­te, con co­lo­res dis­tin­tos, y ca­da li­bri­to lle­va­rá un úni­co tí­tu­lo igual pa­ra to­dos: libro.
El tí­tu­lo se pon­drá de tal for­ma que de cual­quier ma­ne­ra que se tome el li­bro que­de de pie. Por tan­to la por­ta­da lle­va­rá su tí­tu­lo pe­ro aun­que se tome el li­bro al re­vés se en­con­tra­rá otra por­ta­da igual que co­rrien­te­men­te se lla­ma la “con­tra­por­ta­da”.
De lo que se des­pren­de que en la pro­yec­ción del “men­sa­je” del in­te­rior del li­bro, el plan­tea­mien­to del mis­mo de­be­rá ser si­mé­tri­co pa­ra que in­de­pen­dien­te­men­te de có­mo se to­me el li­bro el men­sa­je ten­ga un ne­xo ló­gi­co. Co­mo de­ter­mi­na­das fra­ses que tan­to pue­den leer­se em­pe­zan­do la lec­tu­ra de de­re­cha a iz­quier­da co­mo al re­vés.
Es­tos men­sa­jes no de­be­rán ser his­to­rias li­te­ra­rias aca­ba­das co­mo los co­mo los cuen­tos por­que es­tos con­di­cio­nan mu­cho al ni­ño, de for­ma re­pe­ti­ti­va y no crea­ti­va. To­do el mun­do sa­be que a los ni­ños les en­can­ta ha­cer­se re­pe­tir la mis­ma his­to­ria in­fi­ni­dad de ve­ces, y ca­da vez el ni­ño se la gra­ba en la me­mo­ria, has­ta que ya ma­yor, de­co­ra­rá su ca­sa de cam­po con los sie­te ena­ni­tos y una Blan­ca­nie­ves de ce­men­to de co­lo­res. Así se des­tru­ye en el ni­ño la po­si­bi­li­dad de te­ner un pen­sa­mien­to elás­ti­co, dis­pues­to a mo­di­fi­car­se a te­nor de la ex­pe­rien­cia y el co­no­ci­mien­to. Mien­tras se es­tá a tiem­po, hay que acos­tum­brar al in­di­vi­duo a pen­sar, a ima­gi­nar, a fan­ta­sear, a ser crea­ti­vo.
Pe­ro es­tos li­bri­tos son tan só­lo estímulos vi­sua­les, tác­ti­les, so­no­ros, tér­mi­cos, ma­teriales. Ten­drían que dar la sen­sa­ción de que los li­bros son ob­je­tos he­chos así y que den­tro con­tie­nen sor­pre­sas muy va­ria­das. La cul­tu­ra es­tá he­cha de sor­pre­sas, es de­cir, de lo que pri­me­ro no se sa­bía, y hay que ejer­ci­tar­se en re­ci­bir­las y no en re­cha­zar­las por mie­do a que se de­rrum­be el cas­ti­llo que nos he­mos cons­trui­do.
Un día, vo­lan­do so­bre el Po­lo Nor­te (me di­ri­gía al Ja­pón), el avión se en­con­tró in­mer­so en un enor­me es­fe­ra de nie­bla gris cla­ra y lu­mi­no­sa, co­mo en el cen­tro de una enor­me bur­bu­ja de ai­re cla­ro en el cen­tro de la es­fe­ra. De re­pen­te el in­te­rior de es­ta es­fe­ra de luz di­fu­sa se ti­ñó de una luz ana­ran­jada: era la pues­ta de sol.
Al ca­bo de un ra­to apa­re­ció en es­ta luz un dis­co blan­co: era la lu­na. El dis­co blan­co de­sa­pa­re­ció y la luz ana­ran­jada se con­vir­tió en un her­mo­so ro­jo fuer­te: era el al­ba. En aquel mo­men­to, es­ta sor­pre­sa me hi­zo en­ten­der que el al­ba y el cre­pús­cu­lo son la mis­ma co­sa vis­ta des­de dos lu­ga­res opues­tos, y que el cre­pús­cu­lo y el al­ba es­tán con­ti­nua­men­te pre­sen­tes en el mun­do.
Es­tos li­bri­tos es­tán, pues, cons­trui­dos con ma­te­ria­les di­fe­ren­tes de for­ma que sean dis­tin­tos tan­to vi­sual co­mo tác­til­men­te. Uno es de pa­pel en­cua­der­na­do con una es­pi­ral de alam­bre co­mo un cua­der­no; otro es de car­tón piel, gor­do, en­cua­der­na­do con cuer­da. Uno es de fel­pa ana­ran­jada en­cua­der­na­do con gra­pas de plás­ti­co; otro es de fi­bra­lín ne­gro co­si­do. Uno es de vi­pla trans­pa­ren­te in­co­lo­ro, sol­da­do; otro es­tá he­cho con tres ta­bli­tas de ma­de­ra cla­ra en­cua­der­na­do con una grue­sa cuer­da de ma­ni­la. Uno de car­tu­li­na ver­de en­cua­der­na­do co­mo un li­bro nor­mal; otro es de la­na ro­sa co­si­do con hi­lo ro­sa. Uno es de pa­pel grue­so im­pre­so en un pre­cio­so ber­me­llón bri­llan­te y su­je­ta­do con una gran pun­tada me­tá­li­ca; otro es de plás­ti­co rí­gi­do es­me­ri­la­do en­cua­der­na­do con ra­fia. Uno con­tie­ne mu­chas pá­gi­nas de mu­chos co­lo­res; otro de car­tón gris y pa­pel blan­co es­tá en­cua­der­na­do con una es­pi­ral.
Ca­da li­bro con­tie­ne un men­sa­je dis­tin­to: en el ro­jo se ve un hom­bre­ci­to es­ti­li­za­do de pie que, al ir pi­san­do las pá­gi­nas, da me­dia vol­te­re­ta de for­ma que es­tá otra vez de pie si se toma el li­bro al re­vés. El li­bro ver­de tie­ne den­tro hor­mi­gas, una o dos por pá­gi­na, en di­fe­ren­tes po­si­cio­nes, co­mo vis­tas desde arri­ba y en el me­dio tie­ne al­gu­nos agu­je­ros re­don­dos a tra­vés de los cua­les se ven otras hor­mi­gas. El li­bro de ma­de­ra tie­ne unas in­ci­sio­nes ver­ti­ca­les y ho­ri­zon­ta­les per­cep­ti­bles al tac­to y al ce­rrar­lo con ra­pi­dez sue­na co­mo las cas­ta­ñue­las. El li­bro de la­na ro­sa en ca­si to­das las pá­gi­nas tie­ne un cor­te­ci­to en el me­dio co­mo un ojal y lue­go, en la pá­gi­na cen­tral, el ni­ño en­cuen­tra un bo­tón blan­co co­si­do a la te­la.
En el li­bro gris en­cua­der­na­do con la es­pi­ral hay co­lo­res pri­ma­rios que per­mi­ten ver la for­ma­ción de los co­lo­res se­cun­da­rios gra­cias a tres ho­ji­tas de plás­ti­co trans­pa­ren­te: una ama­ri­llo li­món, otra ro­jo ma­gen­ta y la ter­ce­ra azul tur­que­sa, que al su­per­po­ner­se al pa­sar la pá­gi­na sobre las sim­ples fi­gu­ras im­pre­sas en co­lo­res pri­ma­rios se for­man los se­cun­da­rios.
El de fel­pa ana­ran­jada tie­ne las pá­gi­nas agu­je­rea­das con agu­je­ros de dis­tin­tas for­mas don­de el ni­ño pue­de in­tro­du­cir los de­dos o mi­rar a tra­vés de los ori­fi­cios. El de car­tón piel tie­ne una grue­sa he­bra de la­na ro­ja que atra­vie­sa to­das las pá­gi­nas de arri­ba aba­jo.
Se po­dría afir­mar, de for­ma apro­xi­ma­ti­va, que el ni­ño re­ci­be dis­tin­tas in­for­ma­cio­nes a tra­vés de to­dos sus re­cep­to­res sen­so­ria­les y se en­cuen­tra fren­te a es­tos ob­je­tos que se lla­man li­bros, don­de ca­da li­bro con­tie­ne una in­for­ma­ción dis­tin­ta: uno de his­to­ria na­tu­ral, uno de gim­na­sia, uno de cien­cia-fic­ción, uno de geo­me­tría di­ná­mi­ca, un po­si­ble cuen­to pa­ra in­ven­tar, otro so­bre la per­cep­ción de los co­lo­res, un jue­go de ma­nos, un li­bro blan­di­to y afec­tuo­so co­mo la man­ta de Li­nus.

Publicado en Cómo nacen los objetos, Editorial Gustavo Gili.

Bruno Munari (Milán, 1907–1998) fue diseñador, poeta, escultor, pedagogo y autor de libros infantiles y ensayos. Vinculado al movimiento futurista desde 1927, desarrolló su actividad en los campos diversos del grafismo, el diseño industrial, la experimentación sobre materiales y tecnologías, y la proyección de objetos que integraran utilidad práctica y uso estético. Siempre interesado en la búsqueda de formas de simplificar y clarificar el proceso de diseño, se centró, sobre todo durante sus últimos años de vida, en temas relacionados con la didáctica, la psicología y la pedagogía, una apuesta por la educación a un design que comience en las guarderías.

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