martes, 4 de noviembre de 2008

Intervenibles


Martes 18/11 haremos las intervenciones definitivas en los pliegos impresos.
Aquí pueden ver los archivos, para que los descargen y tengan idea de como es la pieza.

TODA LA INFO esta en en el sitio de la cátedra Morfología WAINHAUS
de allí pueden descargar:

TEXTOS :Es deseable que las intervenciones tengan relación conceptual con los textos.
FONTS : Las Fonts son para que Uds. armen sus propias palablas, signos, para poder intervenir donde lo crean conveniente.
LOS ARCHIVOS : Les dejamos versiones en BAJA de los archivos para que tengan en cuenta el recorrido, los blancos, y como se disponen los textos, para que vayan experimentando y probando posibles intervenciones.
MATERIALES: No olviden volver a traer materiales + fotocopias de sus trabajos del año o lo que quieran ilustrar + textos ( con las Fuentes correspondientes ) 





 
Clase del Martes 11/11 vamos a experimentar con materiales
para los Intervenibles.

¿ Qué son los Intervenibles ?

Los intervenibles son dos piezas gráficas “hermanas”, plegables, tipo acordeón, de tamaño 10 cm. de ancho x 18 cm de alto (cerrado) y 80 cm x 18 cm (abierto) con 2 variables de texto —uno de Montesquieu y otro de Francis Ponge—, que se imprimirán en offset a un color, sobre cartulina de gran gramaje.

Sobre esa base, tanto los alumnos de M1 como los de M2 realizarán intervenciones gráficas experimentales.


Se trata de una acción comunitaria, pero con fuerte impronta individual.
Cada alumno se llevará luego un Intervenible.

LOS MATERIALES REQUERIDOS PARA ESTA ACTIVIDAD SON:
  • NO OLVIDAR LOS 15$ x Alumno.
  • Fotocopias de buena calidad de los propios trabajos ( Registros/ Libro/ Biografía/ Fotos de los objetos ) para hacer Transfers.
  • Algunos papeles obra cortados a la medida de los originales (80 cm. x 18 cm.) para bocetar.
  • Cartones
  • Espátulas (muy importante)
  • Cintas adhesivas varias (por ejemplo, transparentes pero también rojas o blancas)
  • Adhesivos de variado tipo
  • Cemento de contacto (también para hacer zonas de no-impresión —enmascaramientos— que se puedan retirar)
  • Papeles planos de colores, dominante rojo
  • Lápices, marcadores, crayones (rojo, blanco, negro)
  • Fijadores
  • Pinceles, pero sobre todo pinceles secos o pinceletas muy grandes, para cubrir importantes superficies.
  • Thinner, acetona o similar
  • Letratone o similar
  • Témperas, óleos, acrílicos, acuarelas color rojo, blanco, negro
  • Tinta china
  • Algodones
  • Trapos
Aquí los textos que van en las piezas:

[ ENSAYO SOBRE EL GUSTO Montesquieu ]

De los placeres del orden


No alcanza con mostrar al alma muchas cosas; hay que mostrárselas con orden: pues así nos acordamos de lo que hemos visto, y comenzamos a imaginarnos lo que veremos; nuestra alma se felicita por su extensión y por su penetración. Pero en una obra en la que no existe ningún orden, el alma siente que a cada instante se altera aquél que querria imponerle. El curso que el autor se ha trazado y el que nos hacemos nosotros se confunden; el alma no retiene nada, nada prevé; se ve humillada por la confusión de sus ideas, por la inanidad que queda en ella; se fatiga en vano, y no puede degustar ningún placer: es por eso que, cuando el propósito no es expresar o mostrar la confusión, siempre se pone orden en la confusión misma. Así los pintores agrupan sus figuras; así aquellos que pintan las batallas ponen por delante en sus cuadros las cosas que el ojo debe distinguir, y la confusión en el fondo y a lo lejos.



De los placeres de la variedad


Pero, si hace falta orden en las cosas, se requiere también variedad: sin ella el alma languidece; pues las cosas similares le parecen las mismas; y si una parte de un cuadro que se nos descubre se pareciese a otra que habíamos visto, este objeto sería nuevo sin parecerlo, y no causaría ningún placer. Y como las bellezas de las obras del arte, a semejanza de las de la naturaleza, no consisten sino en los placeres que nos provocan, hay que hacerlas tan adecuadas como sea posible para variar esos placeres; hay que hacerle ver al alma cosas que no ha visto; es preciso que el sentimiento que se le brinda sea diferente de aquél que acaba de tener.

Es así que las historias nos agradan por la variedad de los relatos, las novelas por la variedad de los prodigios, las obras de teatro por la variedad de las pasiones, y que aquellos que saben instruir modifican, todo cuanto pueden, el tono uniforme de la instrucción.

Una larga uniformidad vuelve todo insoportable; el mismo orden de los períodos, mantenido largamente, resulta agobiante en una arenga; los mismos metros y las mismas rimas en un poema largo aburren. Si es verdad que se ha trazado ese famoso sendero desde Moscú a San Petersburgo, el viajero se debe morir de aburrimiento encerrado entre las dos líneas que forman ese recorrido; y aquel que haya viajado durante largo tiempo por los Alpes descenderá hastiado de los sitios más privilegiados y de las perspectivas más encantadoras.

El alma ama la variedad; pero, ya lo hemos dicho, tan sólo la ama porque está hecha para conocer y para ver: por tanto es preciso que pueda ver, y que la variedad se lo permita; vale decir: es preciso que una cosa sea lo bastante simple para ser percibida y lo bastante variada para ser percibida con placer. Hay cosas que parecen variadas y no lo son en absoluto, otras que parecen uniformes y son muy variadas.

La arquitectura gótica parece muy variada, pero la confusión de los ornamentos fatiga por su pequeñez; lo cual hace que no podamos distinguir uno del otro, y su número hace que no haya ninguno sobre el cual el ojo pueda detenerse: de manera que disgusta por esas mismas partes que han sido elegidas para tornarla agradable. Un edificio de orden gótico es una especie de enigma para el ojo que lo ve; y el alma se ve en un aprieto, como cuando se le presenta un poema oscuro.

La arquitectura griega, por el contrario, parece uniforme: pero como tiene las divisiones que se requiere y tantas como es necesario para que el alma vea precisamente aquello que puede apreciar sin fatigarse, viendo al mismo tiempo lo bastante para tener de qué ocuparse, esa arquitectura tiene una variedad que permite mirar con placer.

Es preciso que las grandes cosas tengan grandes partes; los grandes hombres tienen grandes brazos, los grandes árboles grandes ramas y las grandes montañas están compuestas de otras montañas que se encuentran más arriba y más abajo; es la naturaleza de las cosas la que causa esto.

La arquitectura griega, que tiene pocas y grandes divisiones, imita a las grandes cosas; el alma siente una cierta majestad que reina por doquier en ella.

Es así como la pintura divide en grupos de tres o de cuatro a las figuras que representa en los cuadros; ella imita a la naturaleza, una tropa numerosa se divide siempre en pelotones; y es también así como la pintura divide en grandes masas sus claros y sus oscuros.


De los placeres de la simetría


He dicho que el alma ama la variedad; sin embargo, en la mayor parte de las cosas, gusta de ver una especie de simetría. Parece que ello encierra cierta contradicción: he aquí el modo en que lo explico.

Una de las principales causas de los placeres de nuestra alma, cuando ella ve objetos, es la facilidad que tiene para percibirlos; y la razón que hace que la simetría complazca al alma es que le ahorra trabajo, que la alivia y que corta, por decirlo así, la obra por la mitad.

De ello se sigue una regla general: allí donde la simetría le es útil al alma y puede colaborar con sus funciones, dicha simetría le es agradable; pero allí donde es inútil, resulta insípida, porque suprime la variedad. Y las cosas que vemos sucesivamente deben tener variedad; pues nuestra alma no tiene ninguna dificultad en verlas. Aquellas que, por el contrario, percibimos en un golpe de vista, deben tener simetría. Así, cuando percibimos de un solo vistazo la fachada de un edifıcio, un piso, un templo, ponemos alli simetría, que complace al alma por la facilidad que le proporciona el abarcar todo el objeto desde el primer momento.

Como el objeto que hemos de apreciar en un solo vistazo tiene que ser simple, es preciso que sea único, y que las partes se correspondan todas con el objeto principal; es por ello también que amamos la simetría: ella conforma un todo integral.

Sólo en la naturaleza se encuentra un todo acabado; y el alma, que ve ese todo, quiere que no haya en él ninguna parte imperfecta. Es por eso también que amamos la simetría; se necesita una especie de ponderación o de equilibrio: y un edificio con un ala, o con un ala más corta que la otra, está tan poco terminado como un cuerpo con un brazo, o con un brazo demasiado corto.


De los contrastes


El alma ama la simetría, pero también ama los contrastes; esto exige no pocas explicaciones. Por ejemplo:

Si la naturaleza reclama, de las pinturas y las esculturas, que éstas introduzcan simetría en las partes de sus figuras, también pretende, por el contrario, que introduzcan contrastes en las actitudes. Un pie alineado igual que el otro, un miembro que va en la misma dirección que otro son insoportables; la razón para ello es que tal simetría hace que las actitudes sean casi siempre las mismas, como se ve en las figuras góticas, que se parecen todas en ese sentido. Así ya no hay variedad en las producciones del arte. Además, la naturaleza no nos ha colocado de ese modo; y así como ella nos ha dado movimiento, no nos ha ajustado, en nuestras acciones y en nuestras maneras, como si fuésemos pagodas. Y si los hombres incomodados y constreñidos de ese modo son insoportables, ¿qué será de las producciones del arte?

Hay que introducir contrastes, pues, en las actitudes; sobre todo en las obras de la escultura, que, fría por naturaleza, no puede agregar fuego sino por la fuerza del contraste y de la posición.

Pero, así como de la variedad que se ha buscado introducir en el gótico hemos dicho que le ha proporcionado uniformidad, con frecuencia ocurre que la variedad que se ha intentado introducir por medio de los contrastes se ha tornado una simetría y una uniformidad viciosa.

Esto no se siente tan sólo en ciertas obras de la escultura y de la pintura, sino también en el estilo de algunos escritores, que en cada frase ponen siempre el comienzo en contraste con el final, por medio de continuas antítesis, a la manera de San Agustín y otros autores de la baja latinidad, y algunos de nuestros modernos, como Saint-Evremond. El giro siempre repetido y uniforme de las frases desagrada en extremo; este perpetuo contraste se vuelve simétrico, y tal oposición siempre rebuscada se convierte en uniformídad.

El espíritu encuentra en ello tan poca variedad que, cuando uno ha visto una parte de la frase, siempre puede adivinar la otra: uno ve palabras opuestas, pero opuestas de la misma manera; uno ve un giro en la frase, pero es siempre el mismo.

Muchos pintores han caído en el defecto de colocar contrastes por todas partes y sin concierto; de tal suerte que, cuando se ve una figura, se puede adivinar desde el primer momento la disposición de las que la rodean: esta diversidad continua se convierte en algo semejante. Por otra parte, la naturaleza, que arroja las cosas en el desorden, no exhibe la afectación de un contraste continuo; sin hablar de que no pone a todos los cuerpos en movimiento, y en un movimiento forzado. Ella es más variada que eso; pone a unos en reposo, y da a los otros diferentes clases de movimientos.

Si la parte del alma que conoce ama la variedad, aquella que siente no la busca menos; pues el alma no puede tolerar por mucho tiempo las mismas situaciones, porque está ligada a un cuerpo que no las puede soportar. Para que nuestra alma se vea excitada, es preciso que los espíritus se deslicen en los nervios. Y allí hay dos cosas: una lasitud en los nervios y una cesación por parte de los espíritus, que ya no se deslizan, o que se disipan de los lugares en los que se han deslizado.

Así, a la larga todo nos fatiga, y en especial los grandes placeres; siempre se los deja con la misma satisfacción con que se los ha tomado; pues las fıbras que han sido sus órganos tienen necesidad de reposo; es preciso emplear otras más adecuadas para servirnos, y distribuir, por decirlo así, el trabajo.

Nuestra alma está cansada de sentir: pero no sentir es caer en un aniquilamiento que la aplasta. Todo se remedia variando sus modificaciones: ella siente, pero no se cansa.



[ EL HOMBRE A GRANDES RASGOS Francis Ponge ] 

La simetría, las vibraciones, la perspectiva 

Simetría en general y simetría en particular del cuerpo y del rostro del hombre. 
La simetría puede ser el efecto de las vibraciones. Cuando vemos dos (y dos simétricos) 
puede no haber mas que uno (uno vibrante). 
Hagan vibrar una cuerda y se darán cuenta. 
Al igual que los dos ojos, dos brazos, dos piernas, dos manos, dos pies. 
Pero cuando las vibraciones disminuyen (o por el contrario cuando empiezan, se 
amplifican) tienden al uno (o derivan de él). Tengamos a bien señalar que por lo demás 
es un fenómeno absolutamente comparable con el de la perspectiva. Las dos líneas 
paralelas se juntan. Que se juntan no solamente en el infinito. Para nada solamente en 
el infinito. 

El infinito 

¿Qué es entonces el infinito? Prácticamente es tan sólo el horizonte. Más o menos 
cercano según la calidad de la vista. Mucho más cercano para el miope (un punto más 
en el que encuentro a Pascal en falta). 
El Infinito es una cuestión de acomodamiento. La noción del infinito surge de la 
enfermedad de la vista. Sucede cuando dejamos de ver claramente. 
La necesidad, la nostalgia del infinito es el deseo de ver turbiamente. ¿Por qué exaltarlo? 
Por el contrario, hay que desconfiar de ello. Y no deificarlo. 
Comparar la posición del sujeto en el mundo (¿y en la frase?) 
con la del foco en óptica. 
Creo que la ciencia de la óptica nos enseñaría mucho sobre el hombre. 
¿Acaso diré que debo decidirme a “recuperarla”, volver a estudiar la óptica? Dios me 
libre de considerarla seriamente, incluso lejos. Sucede lo mismo con las demás ciencias 
(o pseudociencias). Estoy demasiado contento de haberlas olvidado. No hay que tentar 
(al menos en lo que nos concierne) al demonio del detalle (que esconde el conjunto). 

La falta de simetría 

Volviendo a la simetría del cuerpo y del rostro humano (simetría que se encuentra 
también en el espíritu: en el gusto por la simetría, etc., etc.: el hombre tiene dos ojos a 
causa de su gusto por la simetría pero ese gusto por la simetría existe porque tiene dos 
ojos), esto (la explicación mediante las vibraciones) no daría cuenta 
de su carácter horripilante, repulsivo. El hombre tiende 
a ello, le gusta, pero al mismo tiempo le repele, lo estremece (cabeza de tortuga, cabeza 
de serpiente). Lo ve como algo degradante. Cuando el gusto 
se agudiza, solo aprecia los defectos de la simetría, aquello que la vuelve defectuosa. 

[Apartados del párrafo sobre la simetría] 

a. Simetría en general y simetría en particular del cuerpo y del rostro del hombre. 
b. Gusto por la simetría, espíritu de simetría.
Su carácter horrendo, 
horripilante 
(cabeza de tortuga); 
catalepsia 
(los dos ojos del médium). 

Nunca es perfecta. 
La mujer que tiene gemelos, ¿pone a uno en cada seno? 
La hembra que ha parido once cachorros y que solo tiene diez mamas ¿asfixia al 
onceavo? 
En los demás mamíferos no hay simetría entre las mamas, sino alineamiento. La 
equidistancia de los pezones reemplaza en ese caso a la simetría, satisface la misma 
exigencia, la misma manía. 

Las Ideas 

Por cierto que a veces, cuando hay carencia de simetría, una idea reemplaza el 
miembro ausente. Lo que debe ser verdadero, sobre todo en el vegetal. Porque el 
animal puede reemplazarlo por algo más: la fuga, el movimiento, la acción, las palabras. 
Por consiguiente, los árboles y plantas en verdad tienen ideas. Consisten justamente en 
eso. Si no, habría caída o suicidio, o desesperación manifestándose de una u otra 
manera. Y eso no quiero ni considerarlo. 
Por lo tanto, entre desesperación e idea no hay mucha distancia: es como si hubiera 
desesperación hasta la idea. 
Idea igual a “desesperación de miembro”. Desesperación de forma simétrica. Iguala 
y reemplaza, sustituye. 
En los animales hay una simetría mucho más perfecta que en el vegetal, mucho más 
horrible, mucho más fatal. 
Están más cerca de la esfera, de la perfección. 
Sólo en la medida en que esa simetría es imperfecta hay ideas. (No, la idea puede ser 
también el canto del trompo perfecto.) 
Sostengo que hay muchas más ideas en el vegetal que en el animal, en el árbol 
que en el pez.

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